Nunca es fácil lidiar con el futuro, la mayoría de las veces nos atropella y perdemos la capacidad de vivir en el presente. Cuando un ser querido parte al cielo, lo único que queremos es devolver el tiempo y rememorar los buenos momentos. Por eso, la mejor manera de recordar a un viejo amigo es cosechando los frutos que él mismo, con su esfuerzo, sembró aquí en el colegio. Desde hoy y para siempre, tendremos la certeza de que Mario ayudó a construir un espacio lleno de reflexión y aprendizaje para todos.

Desde 1974 hasta 1980, nos acompañó como director de Cerros Estudios Nocturnos. Pero no solo eso, su vínculo con el colegio comenzó en el año 1972 como profesor de las clases de español, francés y filosofía. Era un académico muy valioso, nos aportó diversas series de textos sobre la religión y, completando su espíritu de aprendizaje, fue miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.

Sus seis hijos se graduaron de Cerros hace ya más de 40 años. Lleno de recuerdos, hoy, su hijo Mario Ernesto agradece por todo lo que la educación le dio a su vida:

“Mantuvo siempre un profundo agradecimiento a ASPAEN, a la Universidad de la Sabana y al Opus Dei por haberle colaborado de manera importante a desarrollar su vocación de educador y permitir que sus seis hijos varones recibieran una educación de óptima calidad en el Gimnasio de los Cerros; y por la formación humana y espiritual que adquirió, la cual transmitió a sus hijos para que fueran ciudadanos de bien y excelentes seres humanos”.

Desde luego, nos abandona un gran ser humano, con espíritu religioso y apasionado por la sabiduría. Este será nuestro último adiós, pero siempre quedará con nosotros lo que ayudó a construir desde hace más de 50 años.